Rosácea

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La rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica con gran impacto en la calidad de vida de las personas que la sufren, aunque a menudo infradiagnosticada. Se manifiesta con un enrojecimiento en la parte central de la cara inicialmente transitorio (rubefacción o flushing) que más tarde se hace persistente con aparición de telangiectasias (las llamadas arañas vasculares, venitas rojas en las mejillas y en la nariz), y a veces incluso con pápulo-pústulas (granos rojos y con pus) parecidos a los que presenta el acné. La rosácea a menudo se caracteriza por un ciclo crónico de remisión y recaída.

¿Cuáles son las características de la rosácea?

Una de las características de la rosácea es que suele alternar periodos de mejoría con otros de empeoramiento (los llamados brotes). Típicamente, se manifiesta en personas de piel clara, que suponen entre el 0,5 % y el 10 % de la población. Normalmente, se desarrolla entre los 30 y los 50 años y es más común en mujeres que en hombres.

Aunque su fisiopatología es incierta, existe una predisposición individual y diferentes factores que conllevan a una inflamación crónica y a una respuesta vascular. Algunos factores que pueden estimular o agravar los brotes son la radiación solar, la exposición al calor o al frío, el estrés, las comidas picantes o calientes, los irritantes químicos y los microorganismos.

Rosácea: Tratamiento

La rosácea es una dermatosis crónica y persistente. Puesto que no hay cura para esta enfermedad, el tratamiento consiste en evitar los factores que la desencadenan de esta y en el uso de fármacos que actúen para obtener la remisión, prevenir los brotes y disimular las manifestaciones de la enfermedad, como el rubor y el enrojecimiento.

Cuidado de la piel con rosácea

El cuidado de la piel con rosácea debe ser acometido siguiendo una serie de pautas.

La higiene debe ser una rutina diaria para las pieles con rosácea. En general, es aconsejable utilizar limpiadores suaves y evitar los productos astringentes y abrasivos, como jabones, tónicos refrescantes y mascarillas faciales. También se debe prescindir de las esponjas o de los cepillos agresivos para la higiene diaria.

La hidratación es una parte muy importante del tratamiento, ya que la piel con rosácea presenta una alteración de la barrera epidérmica que la hace hipersensible y extremadamente intolerante. Por ello, se aconseja utilizar productos específicamente formulados y testados para pieles sensibles. Las cremas hidratantes ricas en activos emolientes y humectantes ayudan a mantener el estrato córneo y prevenir el desequilibrio de la función barrera de la piel.

Uno de los factores relacionados con la rosácea es la radiación solar. Por este motivo, es muy recomendable la aplicación diaria de fotoprotectores formulados para pieles sensibles, por ejemplo, los de uso pediátrico. El índice de protección debe ser igual o superior a 50.

Y, por último, se deben evitar, en la medida de lo posible, los factores desencadenantes de los brotes:

  • Exposición solar,
  • Exposición al calor (exceso de ropa diurna y nocturna, duchas prolongadas, saunas, etc.),
  • Comidas y bebidas calientes y/o picantes,
  • Vientos fuertes o fríos,
  • Irritantes químicos,
  • Alcohol,
  • Ejercicio físico intenso,
  • Estrés, ansiedad,
  • Algunos fármacos: niacina, antihipertensivos y corticoides tópicos.

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